Actividades
Zuloaga y Sorolla, artistas en una edad de plata
Del 14/06/12 al 14/10/12
Organiza: Institución Sorolla. Consorcio de Museos de la C V.
Lugar: Centro del Carmen. Valencia
Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923) estaba en un punto álgido de su carrera cuando pintó Mi mujer y mis hijas en el jardín (1910). En 1909 había presentado su obra en la Hispanic Society of America de Nueva York, con gran éxito de crítica y público; en España era un pintor de reconocido prestigio y había expuesto también en París, Londres y Berlín. A finales de la primera década del siglo XX ya había realizado muchas de sus obras maestras: La vuelta de la pesca (1895), Cosiendo la vela (1896), Comiendo en la barca (1898), Sol de la tarde (1903), Chicos en la playa (1909). Clotilde, esposa de Sorolla, y sus hijas María y Elena, habían posado para algunos de sus mejores cuadros, como Paseo a la orilla del mar (1909). En esta obra, al igual que en Mi mujer y mis hijas en el jardín, el protagonismo está compartido entre las figuras y el entorno que las contiene. Las pinceladas conforman y diluyen a un tiempo los rostros de las mujeres, construyendo una composición en la predomina el color y una superficie pictórica de magistral factura.
Ignacio Zuloaga Zabaleta (1870-1945) gozó de fama y reconocimiento internacional en vida; contó con el apoyo de los intelectuales de su tiempo, entre ellos Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu y expuso en la Hispanic Society of America dieciséis años después de que lo hiciera Sorolla. En el momento en que Zuloaga pintó Mis primas (1903) comenzaba una etapa protagonizada por una paleta oscura, el paisaje de Castilla y personajes carismáticos. No era la primera vez que las hijas de su tío Daniel Zuloaga, excelente ceramista, posaban para el pintor; lo habían hecho anteriormente en 1898 (Mis primas, col. del Museo de Orsay) y lo harían de nuevo en diversas ocasiones, en solitario o juntas; otro ejemplo excelente es la pintura de 1910 Mi tío Daniel y su familia (col. del Museo de Bellas Artes de Boston). La obra que presentamos aquí aúna dos elementos fundamentales del imaginario de Zuloaga: el páramo castellano y la peculiaridad de sus habitantes ideales: Cándida, Esperanza y Teodora, adornadas con mantillas, mantones y abanicos, encarnan un casticismo español sublimado.


Acceso al área personal
Más información (PDF)
Imprimir ficha